Una vacuna contra el estrés
El ser humano es una unidad entre el cuerpo y la mente, así es que los temores, miedos, alegrías y otras emociones pueden desencadenar efectos en el cuerpo a corto y largo plazo. Cuando la psiquis se encuentra en un estado de presión por la amenaza a una pérdida o un daño, real o imaginaria, provoca una serie de adaptaciones fisiológicas que pueden hacer que la persona sobreviva por llevarlo a realizar una fuerza excepcional, mejorar sus reflejos, superar barreras morales —la de matar a otro ser humano—. También puede llevarlo a la muerte, en lo inmediato, por parálisis completa o sumisión en una situación de peligro, un ataque cardíaco repentino, o a la larga, por el desarrollo de enfermedades. Este fenómeno comenzó a ser estudiado sistemáticamente a mediados de siglo pasado, primero por la medicina y luego por la psicología, donde se descubrió que si personas o animales se encontraban sometidos a diferentes situaciones de presión física o psíquica, en términos técnicos, estrés, se presentaban las mismas respuestas fisiológicas no específicas y generalizadas. No era el estímulo concreto lo que producía la respuesta, un estímulo tan diverso como el exceso de frío o el calor, el combate, situaciones familiares, etc., sino la reacción psíquica de la persona.